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Una calle de París

mayo 3, 2010 3 comentarios

Mil ochocientos ochenta. No me refiero al turrón más caro del mundo si no a la longitud de una de las calles más bellas de París y por ende, del mundo. Tiene 2 extremos de una belleza y un significado glorioso. De un lado la Plaza de la Concordia, dominada por el espectacular obelisco de Luxor, custodiada por el lujoso hotel Crillon, los jardines de las tullerías, el museo de la Orangerie y vigilada, al otro lado del Sena, por la Asamblea Nacional. Plaza anteriormente llamada de Luis XV, hasta que la Revolución decidiese acabar con la estatua ecuestre del monarca francés y denominarla Plaza de la Revolución. Tras el fin del la época del Terror tomaría su actual nombre. 

En el otro extremo, el Arco del Triunfo, monumento erigido por Napoleón tras la victoria de sus tropas en la batalla de Austerlitz y situado en la Plaza Charles de Gaulle, general francés que se negó a aceptar el armisticio firmado por su país (con Petain a la cabeza) y la Alemania del Tercer Reich. 

En su corazón, tiendas de lujo, jardines para enamorados, grandes y pequeños palacios. Y desde hace 2 décadas, miles de turistas, peregrinos e inmigrantes españoles vanagloriándose de su nacionalidad y exhibiendo sus banderas, para celebrar los innumerables triunfos de sus deportistas en la ciudad del amor. Son los Campos Elíseos.

En agosto de 1944, tras 4 años de ocupación, los parisinos abarrotaban las aceras de la Gran Avenida entonando la marsellesa en honor a las tropas aliadas que habían derrotado y expulsado a la Wehrmacht de territorio francés. A esas tropas se les unieron los valientes hombres y mujeres de la Resistencia, mientras que los integrantes del Gobierno de Vichy permanecían escondidos en sus madrigueras. También era su derrota. 

Desde principios de los 90, el himno ha cambiado. Seguramente no será tan bonito, no sonará tan bien. El dominio de los deportistas españoles en suelo francés está siendo arrollador e incluso humillante para un país tan orgulloso como Francia. Aguantar año tras año el chaparrón de victorias del vecino del sur no debe ser plato de agrado. 

El diario deportivo más conocido de Francia, L’equipe, ha puesto en duda, en multitud de ocasiones, los triunfos españoles, achacando posibles prácticas dopantes a algunos de los héroes ibéricos. Estas críticas no han hecho más que encumbrar la figura de estos deportistas. 

Roland Garros 

El grande sobre arcilla. Rafael Nadal Parera, el Gladiador, es el nombre propio de los últimos años en el torneo de tenis más prestigiosos sobre tierra batida. 31 victorias y 1 sola derrota contemplan al jugador de Manacor. Ha llegado a desesperar al mismísimo Federer, ha igualado el récord de victorias consecutivas de Borg y sobre todo, ha conseguido que el público francés aplaudiera su derrota en la edición de 2009 (las ratas de tierra, término acuñado por L’equipe, empiezan a cansar por esas latitudes). 

Antes de Nadal, estuvieron Bruguera (me pongo melancólico cuando recuerdo a uno de los tenistas con más talento que he visto jugar, qué muñeca), Corretja, Moyá, “el mosquito” Ferrero, Costa, Berasategui y tantos otros, conquistando año tras año la Copa de los Mosqueteros, devolviendo (deportivamente) la invasión de finales del XVIII – principios del XIX. 

Tour de Francia 

Dos divisiones tiene el dominio español en la Grand Boucle. 

Primera mitad de los 90. DON MIGUEL INDURÁIN LARRAYA, el Emperador, Miguel V de Francia y II de Italia. Durante cinco años, tirano del ciclismo mundial. Pocas veces un deportista ha dominado un deporte con tanta serenidad, con tanta austeridad como el navarro. Calculador hasta el éxtasis de sus seguidores y la desesperación de sus detractores. Calificado como el primer deportista alemán con pasaporte español. Le dedicaré un amplio post a mi ídolo de juventud. 

Los últimos 4 años (tras el dominio de Lance Armstrong) el himno español vuelve a sonar el último domingo de Julio en los Campos Elíseos. Pereiro, el luchador Sastre y el número 1 del ciclismo actual, Alberto Contador, izan la bandera rojigualda en la avenida parisina ante la mirada del Obelisco y del Arco.

Mientras tanto, el pueblo francés, se retuerce en los butacones de sus salones cambiando de canal. No pueden soportar más tanto triunfo español. Para colmo, al apretar el botón de su mando a distancia, y sintonizar el canal de cocina para reconfortarse con otrora su dominio en los fogones, verán a Arzak, los Roca, Adriá, Berasategui, Carmé Ruscalleda, y se lamentarán, ya no nos queda ni la cocina.

Sólo Panoramix puede arreglar la afrenta.

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Tiramisú a la italiana

marzo 15, 2010 3 comentarios

Parafraseando a los Monty Phyton podemos cuestionarnos “qué nos han aportado los italianos” en términos deportivos. Potencia deportiva envidiada durante décadas, transita desde hace años por el oscuro pasillo que conduce al desván de los juguetes rotos.

Sin embargo, los aficionados criados deportivamente en los 80 y 90, somos incapaces de olvidar lo que Italia y sus atletas supusieron en nuestras vidas. Un modelo de modernidad y éxito. Escuadras invencibles. Ídolos mitificados. Gestas convertidas en rutina. Escandalosos arbitrajes. En definitiva, deporte (y victorias) a la italiana.

Retomando la pregunta inicial,  el deporte italiano de finales del siglo XX combinó armoniosamente, cual exquisito tiramisú, tres capas de ingredientes que lo hacían tan simple como difícil de imitar:

El deporte de factoria

El origen pudo estar en Superga. 4 de Mayo de 1949. El equipo de fútbol más prometedor y alegre del panorama mundial y base de la selección, el llamado Gran Torino, sufre un trágico accidente de avión y todos sus jugadores fallecen.

A partir de entonces, tal vez, todo cambió. A los italianos se les vino encima un invierno perpetuo, que convirtió el deporte en una más de las actividades industriales que asegurarían el futuro de la nación. Gris, preciso, laborioso, automatizado y eficaz. Feo y sucio a partes iguales. Improvisación mínima. Exigencia y rigor. Enfoque a resultado. Cero fallos.

El Norte de Italia (Turín, Varese, Cantú, Milán) fue la cuna de este estilo.  La Tracer de Meneghin (y su defensa “karate-press”) o el Milan de Sacchi (y su “catenaccio a la holandesa”), la quintaesencia del modelo. Su absolutismo deportivo se instaló en nuestras jóvenes mentes con mayor fuerza de lo que realmente reflejaba el palmarés. Equipos armados a fuego y sangre, jugadores determinados e imperturbables con mil y una batallas en sus codos, feudos inexpugnables que “invitaban” a arbitrajes dirigidos, sistemas desplegados milimétricamente en un ritmo de juego maquinal, robótico. Era tal nuestra sensación de impotencia…

Con precisión industrial el modelo de éxito se extendía a otras disciplinas. Motociclistas como Fausto Gresini o Luca Cadalora, ciclistas como Francesco Moser o Peppe Saronni, esquiadores como Alberto Tomba, atletas como Gelindo Bordin…Nunca los mejor dotados o los más talentosos, pero sí los más eficaces. Especialmente, si competían en Italia donde el entorno, a modo de escudo protector, garantizaba el éxito.

El deporte de éxtasis

Pero en un país de extremos y contrastes, el Sur aportaba al deporte italiano la dósis necesaria de gesta, la capa de ingredientes épicos.  Al igual que en la zona alpina, el deporte se convierte en espejo de la realidad social y económica. Frente al automatismo exhasperante y eficaz del modelo norteño, el deporte en la parte baja de la bota era sinónimo de pasión al límite.

Desesperado por llegar a fin de mes, por alimentar a su familia, por huir de los problemas de su conflictivo barrio, el deportista del sur de Italia practicaba deporte como si al día siguiente fuesen a prohibírselo. Así lanzaba de tres Nando Gentile, así entraba al campo Toto Schillachi, así volaban sobre el tartán Pietro Mennea o Salvatore Antibo.

Los éxitos de sus equipos (Caserta, Nápoles) se convertian en milagros obrados por intervención divina. Las celebraciones de sus éxitos, explosiones volcánicas inolvidables. La combinación de sus cualidades con las de los deportistas del Norte, una receta insuperable o una bomba de relojería.

El deporte de escaparate

Y finalmente, a modo de capa central del pastel o centro de gravedad del mismo, Roma equilibraba el orden natural Norte-Sur mostrando siempre su cara más amable y presumida. Convertida en un gran escaparate mediático, mostraba orgullosa los éxitos azzurros y acumulaba fastos deportivos  (en Italia se sucedieron los campeonatos mundiales: atletismo 87, fútbol 90, ciclismo 85 y 94, natación 94, etc.). Una imagen ante el mundo de opulencia y lozanía deportiva. Puro cartón-piedra.

Escondida bajo este permanente ejercicio de exhibicionismo patriótico se camuflaba una realidad oculta: una gelatinosa corrupción que se había extendido lentamente por el deporte italiano (y por el resto del país), debilitando y degradando estructuras y personas.

La connivencia de dirigentes y deportistas favoreció todo tipo de irregularidades en el deporte transalpino (falsificaciones de cuentas, sobornos a árbitros, escándalos de apuestas, prácticas masivas de dopaje, violencia extrema de los ultras, etc.) instaurando una subcultura deportiva que ignoraba los méritos y premiaba la astucia y la trampa. Al principio, los días de vino y rosas que disfrutaba el deporte italiano permitieron acallar las voces rebeldes que denunciaban dichas prácticas, hoy sobradamente probadas. Con el paso del tiempo, las fichas del dominó fueron cayendo una tras otra.  Al mismo ritmo disminuyeron los éxitos deportivos.

El daño estaba hecho, la receta estropeada, el tiramisú se había venido abajo.

Traicionando un glorioso pasado labrado en campos de tierra y rampas de marmol, la Italia deportiva se ha ido acercando a la peor caricatura de sí misma. Los éxitos de unos pocos (los geniales Valentino Rossi o Marco Pantani, los fogonazos de la selección de fútbol, algunos nadadores) no resultan suficientes para animar un panorama deportivo estancado. La decadente situación general del país no contribuye a la recuperación del deporte italiano, sino más bien agrava una enfermedad cuya cura no parece próxima.

11 Julio 1982. Final de la Copa del Mundo. El principio del fin.

La culminación de un mes de fútbol donde todo el planeta odió a Italia.  Aquel verano, elevaron a la enésima potencia su modelo de éxito, combinando industria, belleza y éxtasis a partes iguales, en una obra perfecta adornada con la más hermosa celebración de un logro deportivo jamás ocurrida. La inesperada estrella, Paolo Rossi, jugó el campeonato tras ser implicado en un escándalo de apuestas ilegales.

Muchos crecimos sufriendo esta combinación demoledora y perversa de ingredientes. Sospechando los oscuros tejemanejes que soportaban el éxito. Llenos de rabia por una superioridad deportiva injusta a todas luces. Y pese a todo, de forma poco racional, echo de menos aquel deporte a la italiana…

El deporte es un gran negocio

marzo 10, 2010 8 comentarios
Inauguro mi intervención en esta comunidad, en la que espero sobre todo divertirme e incluso aprender de la sabia gente que por aquí escribe.
He de prevenir al lector que mis intervenciones en poco se van a parecer a las de mis colegas elopez04, o azofra33. No sólo por mi estilo más prosaico; situaré el foco en el otro extremo del universo deportivo, en el punto menos atractivo en principio del espectáculo del deporte, pero que siempre está presente y que al fin y al cabo lo sustenta. Estoy hablando de LA PASTA.
Admitámoslo, detrás del deseo por la victoria deportiva, del sudar la camiseta, de sentir los colores, y toda esa mandanga, se encuentra la necesidad básica de cubrirse el riñón. En muchos casos por salir de la escasez de recursos, otros por resolver su vida económica a los treinta y pocos y algunos ambiciosos y afortunados para montarse en el dólar.
Echando la vista atrás, lejos quedan los tiempos del Barón de Coubertin en los que el “sport” era una actividad amateur que practicaban caballeros con frondosos bigotes. Hoy en día el profesionalismo alcanza a todos los deportes con una popularización suficiente (dejo esta afirmación con toda el ánimo de polemizar, sin duda azofra33 mencionará el rugby como excepción; en sucesivas entradas profundizaremos en esto).
En definitiva, el deporte profesional del siglo XXI es un gran negocio, e intentaré describir y opinar sobre cómo se lo monta cada uno.
No quisiera acabar este post de presentación sin ensalzar el modelo de deporte profesional que más me atrae y del que en mi opinión es el que ha marcado el camino a seguir al resto. Estoy hablando del modelo USA y concretamente el de las grandes ligas (NBA, NFL, MLB, NHL). Un modelo capaz de lograr que un deporte tan terriblemente aburrido como el béisbol tenga un seguimiento masivo, y que se basa en dos principios:
1- El espectáculo por encima de todo. Hay que atraer al cliente.
2- El éxito económico para todos (deportistas, empresarios, medios de comunicación y otros “intermediarios”) hace que el espectáculo deportivo perdure.
Próximamente entraremos en detalles.

¿Competición sinónimo de deporte?

marzo 7, 2010 5 comentarios

Nos acercamos al inicio de la temporada de fórmula 1 y cuando llega este momento me surge siempre la misma cuestión, ¿es realmente la fórmula 1 un deporte? Cuando te topas con un acérrimo aficionado a esta competición, la duda parece ofender, pero aún así y todo yo la pongo encima de la mesa. Como siempre que surgen estas dudas yo me voy a la otra real academia, la de la lengua, y nos dice que deporte es  “…actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas”. Algún día se puede provocar un cisma en la RAD si aplico esta definición sobre alguno de los “presuntos” deportes sobre los que se opina con asiduidad en este foro.

Me llevé una pequeña decepción porque después de tantas discusiones, cierto que sin pretensión de convencer a nadie, la respuesta estaba ahí mismo al alcance de cualquiera y no admite discusión, bueno para algunos la RAE debería actualizar la definición que se ha quedado obsoleta, eso ya es más opinable.

Yo a un deporte le exigo dos condiciones , la primera la actividad física, implícita en la propia definición de lo que es deporte, la segunda la igualdad de condiciones en la práctica deportiva, que la pericia y habilidad del deportista o conjunto de deportistas sean lo que determinen si son superiores a sus contendientes, y en la fórmula uno yo no veo ni lo uno ni lo otro. Lo que no quita para que pueda resultar atractiva la competición y para los amantes del motor una gozada, para muestra dejo un enlace con lo que para muchos aficionados es la mejor vuelta final de la historia de la fórmula uno. Hay que remontarse al año 80 para ver cosas así.

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